sábado, 7 de abril de 2012

Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que el padre o la madre de tus hijos, esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella… Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que pierdes siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y te impedirán, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejarás de intentarlo. Te rendirás y buscarás a esa otra persona que acabarás encontrando. Pero te aseguro que no pasarás una sola noche sin necesitar otro abrazo suyo, o tan siquiera discutir una vez más… Todos saben de qué estoy hablando, porque mientras estas leyendo esto, te ha venido su nombre a la cabeza. Te librarás de él o de ella, dejarás de sufrir, conseguirás encontrar la paz (le sustituirás por la calma), pero les aseguro que no pasará un día en que deseen que estuviera aquí para perturbaros. Porque, a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas que estando con alguien a quien aprecias.

Llévate la luna, no me sirve ya. Llévate el invierno, que me puedo congelar. Y llévate las horas, para no extrañar. Llévate la playa, porque no te quiero recordar.
Toma las mañanas, ya no vas a estar. Toma la ventana, que no te quiero esperar. Y toma esta sonrisa, la ultima del mes. Vete más a prisa, que me duele mucho, ¿que no ves? 

Es un cielo claro, una gran tormenta. Es un jorobado, una cenicienta. No entiende de razas, tampoco de clases. A veces el techo, a veces la base. Es la medicina, es la enfermedad. Un poco de cordura y de insanidad. Algo de tristeza y de felicidad. Pero la verdad, me atrevo a decirlo, es que nunca nadie pudo definirlo ni nadie podrá.
Es un mar profundo, es un gran desierto. Suele ser verdad aunque a veces no es cierto. Tanto predecible como sorpresivo. Puede estar aunsente pero andar contigo. El mejor oyente cuando nadie opina. Varias aventuras, algo de rutina. Tanta inexperiencia y tanto que ha vivido. Cuando está presente, como que se ha ido. No toca la puerta, pero es bienvenido y siempre lo será. Suave como el aire, denso como el humo. Es igual a todos, no es como ninguno. Sueño de un mañana, recuerdo de un ayer. Un olor a tabaco, aroma de mujer. Una nube inmensa, que cuando esta lejos se siente cerca o viceversa. Tu lo conoces pero no lo sabes, es tú mejor amigo aunque mal te pague.


Así es el amor.

Pensé que no lo volverías a hacerlo. Me hace gracia, en serio, por primera vez me has sorprendido. Indirectamente creo que te reté a hacerlo, y tú me retaste a que me equivocase. Pero ahora voy a ser yo la que te rete a equivocarte.
Mete la pata, jódelo todo, cómprate un billete avión de ida sin vuelta. Rompe las reglas, haz el ridículo, deja todo por alguien, miente. Quiere. Y después vuelve a equivocarte. Conoce, viaja, pasa de mi por un tiempo. Ódiame. Acuestate en muchas camas, pero amanece solo en la tuya. Piensa que a veces el caos es un arte. Escríbeme. No creas a nadie. Creete todo. No te cases. Pero aprende de todo eso. Y después vuelve... Y rétame a quererte. 

viernes, 6 de abril de 2012

No le importa que se vaya de allí, es más será la persona que más se alegrará cuando lo haga.

Él sonríe, y le mira, y le abraza. La cabeza de ella encaja perfectamente con su cuello.

Ahora vuelven a sonreír y se separan. Ella se pone de puntillas, se acerca a su oído. sin apenas voz y con los ojos cerrados, le dice muy bajito que por favor no se vaya a ir, al menos de su vida.


Sabes esa sensación, esa en la que te acercas y llegas casi a tocarme, gritándome todas las cosas que han dado vueltas en mi cabeza durante tanto tiempo, pero a la misma vez sigues lejos, llevándote lo poco razonable que podría quedarme. Nunca seré capaz de leer la mente pero créeme, las cosas del corazón saltan a la vista por más que las tratemos de ocultar, o por lo menos eso afirman los rumores. Mientras tanto no hago más que hacer y deshacer maletas, tratando de llevarme sólo lo necesario, poco equipaje que lo demás se consigue en el camino. Voy enredando y desenredando los hilos que cosen mis días. Aguantando tardes soporíferas, sueños que tardan en aparecer, miedo a todo lo que va cambiando alrededor, y también miedo a la estabilidad de ciertas cosas. Pero ya sabes, nunca quise cerrar la ventana del todo y dejo ese resquicio por el que se cuela el aire, y quién sabe si algo más... 


Creo que si me preguntaras el momento en que volví a sonreír, te lo contaría juntando todos los detalles. Te podría decir que el cielo estaba gris, que no había estrellas aunque si miles de deseos, que la brisa era fría, que la música inundaba las calles, que podía escuchar cada palabra y descubrir mil cosas ocultas detrás de cada una. Que me fui a dormir tomando decisiones que me mataban de miedo, pero a la vez me hacían sentir algo que no podría escribir. Si me preguntaran ahora, diría que el tiempo no ha pasado, y que no soy capaz de encontrar las mismas cosas ni aunque recorra millones de kilómetros. Que hay tantas manos y tantas caricias, pero el aire siempre se acaba llenando de palabras vacías, de gestos que empiezan a inundarte, pero acaban todos en lo mismo. Yo necesito ese complemento que de gas a mis alas, el ingrediente secreto que se esconde debajo de tu almohada, ¿lo entiendes ahora?.

© its now or never
Maira Gall